La historia de Santa Anna p.2

Viene de La historia de Santa Anna p.1

En las lecciones de 1832 gana la presidencia Antonio López de Santa Anna con Valentín Gómez Farías como vicepresidente, llegando así por primera vez al poder en 1833. A los pocos días de gobierno pidió licencia por enfermedad y se retiró a su hacienda en Veracruz “Manga de Clavo” dejando a Gómez Farías a cargo de la presidencia. Esta conducta sería repetida en numerosas ocasiones, a Santa Anna parecía gustarle el  título de presidente pero no el  trabajo administrativo de gobierno. Quedando con el poder Gómez Farías, apoyado por el Congreso, decide que ha llegado el momento de llevar a cabo reformas para iniciar la transformación de México que afectaban especialmente los intereses de la Iglesia y del ejército. Estas reformas eliminaban la coacción civil para el pago del  diezmo a la iglesia y el cumplimiento de los votos monásticos. Además prohibió al  clero la enseñanza pública y suprimió la universidad regida por el Iglesia, también propuso desamortizar los bienes del clero y reorganizar el ejército.

Los conservadores reaccionaron en contra de las Reformas y hubo diversos movimientos armados. Santa Anna, al darse cuenta de que los movimientos conservadores tenían el apoyo de la institución militar y de la Iglesia, que a su vez estaba manejando la opinión pública en contra del gobierno,  regresó de su hacienda a México y retomó la presidencia.  Haciéndose eco de la opinión pública decidió restaurar el orden en el país eliminando todos los decretos liberales y destituyendo a Gomez Farías y al Congreso y Convoca a elecciones para un Congreso Constituyente que se de a la tarea de redactar una nueva constitución. Es decir que él mismo dio un golpe de Estado a su gobierno pero se queda en la silla ahora como líder del grupo conservador.

La etapa del centralismo en México abarcó de 1836 a 1846 apoyada en dos constituciones: Las 7 Leyes y Las Bases Orgánicas, ambas establecían una República Central y dividían al territorio en Departamentos que dependían directamente del gobierno de México lo que llevó al territorio de Texas a declararse república independiente. Santa Anna organizó un ejército y marchó hacia el norte atravesando el desierto y enfrentó a los texanos en Béjar y en el fuerte del Álamo, donde ordenó fusilar a todos los soldados prisioneros, hecho que los texanos primero y los norteamericanos después, utilizan como justificación para luchar en contra de nuestro país. Después tuvo otros dos triunfos en las batallas en Goliad y Encinal del perdido, tras de los cuales el ejército mexicano agotado y confiado decidió descansar a orillas del río San Jacinto en donde fueron sorprendidos por las tropas de Samuel Houston que tomó prisionero a Santa Anna y le obligó a firmar, a cambio de su vida, los “Tratados de Velasco” en donde se reconocía la independencia de Texas y se comprometía a retirar los ejércitos mexicanos al otro lado del río Bravo y a no proseguir la guerra. Debemos aclarar que estos tratados no fueron reconocidos por el gobierno mexicano debido a que desde el momento en que fue hecho prisionero Santa Anna ningún documento firmado por él tenía validez legal, sin embargo en esos momentos el país no tenía los recursos para formar otro ejército y enviarlo hacia el norte por lo que los texanos conformaron su gobierno independiente.

Después de pasar seis meses prisionero Santa Anna fue liberado y tras  de tener una entrevista con el presidente de Estados Unidos Samuel Houston, Santa Anna regresó a México a Veracruz a su hacienda con el estigma de ser responsable de la pérdida del territorio.

En abril de 1837 fue electo presidente Anastasio Bustamante, la situación del país era muy grave, tanto en lo político como en lo económico por la  inestabilidad que representaba la lucha entre los diferentes grupos por el poder. Estando así la situación, Francia hace una reclamación al gobierno mexicano por una deuda de alrededor de 600,000 pesos por daños en bienes de ciudadanos franceses durante las diferentes guerras civiles que se dieron en el país, entre estas reclamaciones destaca la de un pastelero, por lo que la guerra se llamó “Guerra de los Pasteles”. El gobierno de México se niega a pagar argumentando que todo el que quiera vivir en México está sujeto a sufrir los mismos riesgos. Ante ello Francia envía una flota y bloquea la aduana del puerto de Veracruz que era el principal ingreso del gobierno. Es la oportunidad para que Santa Anna salga de su exilio y acuda a la defensa del puerto de Veracruz siendo herido de gravedad en una pierna que le tuvo que ser amputada. En ese momento Santa Anna es reconocido de nuevo como héroe y vuelve a ser invitado a ocupar el gobierno del país en cinco ocasiones por cortos períodos ya que en estos diez años la situación del país era crítica lo que llevaba a que los presidentes, que además eran en su mayoría militares, a renunciar para comandar el ejército en contra de los grupos opositores nacionales o extranjeros. Esta situación extrema llevó a que un grupo de radicales conservadores contemplara la idea de retomar el Plan de Iguala y restaurar la monarquía invitando a  un príncipe europeo, sin embargo esta idea no tuvo apoyo popular y le dio fuerzas a los grupos liberales para que pudieran retomar el poder en el país. Al mismo tiempo que se estaba viviendo esta crisis política en el centro de México, Estados Unidos aprovecha para incorporar a Texas como un estado de la federación y ataca fuertes fronterizos además de enviar una flota a bloquear el puerto de Veracruz, todo ello para provocar la guerra que necesitaba para poder aumentar su territorio hacia el sur.

Ante esta grave situación los liberales iniciaron un movimiento armado, toman el poder y en agosto de 1846 restablecen la república federal con la Constitución de 1824, nombrando como presidente al  general Santa Anna, a pesar de que durante  11 años había sido uno de los líderes centralistas. El vicepresidente nombrado es Valentín Gómez, tenemos pues de regreso la dupla que había sido elegida en 1832. Aquí podemos ver cómo la clase política mexicana carecía de líderes capaces de enfrentar la situación de crisis y todos  veían a Santa Anna como la única persona que podía hacer frente a la situación, y más que la ideología lo que les importaba a los mexicanos era tener un hombre fuerte, que pudiera hacer frente y que no tuviera miedo a actuar. Inmediatamente que toma el poder Santa Anna organiza un ejército y marcha hacia el norte para enfrentar a las tropas norteamericanas pero Gómez Farías para allegarse de recursos decreta préstamos forzosos de los grupos económicos poderosos y nacionaliza y vende propiedades de la Iglesia lo que provoca que de nuevo la Iglesia promueva un movimiento armado en contra del gobierno al mismo tiempo que las tropas norteamericanas desembarcaban en Veracruz y que Santa Anna enfrentaba a las tropas americanas en Saltillo. No voy a extenderme más en lo que pasó en la guerra, basta decir que mientras los liberales y conservadores peleaban entre sí el ejército norteamericano avanzó desde Veracruz hasta la ciudad de México sin tener mayores problemas y que el 16 de septiembre de 1848 la bandera norteamericana ondeaba en palacio nacional.

Santa Anna salió de la ciudad de México y renunció a la presidencia antes de que entraran los norteamericanos y más tarde también fue obligado a renunciar al ejército que ya había sido derrotado, por lo que decidió abandonar el país en medio del repudio del pueblo que lo hacía responsable por la pérdida de la guerra y por la pérdida de territorio que esto implicó ya que en el tratado de Guadalupe-Hidalgo firmado con Estados Unidos se estableció la frontera en el río Bravo, reconociendo la independencia de Texas y vendiendo los territorios de Nuevo México y las Californias.

En los años posteriores a la guerra México vivió una grave crisis tanto por el trauma que significó la pérdida del territorio como por la situación de enfrentamiento entre los grupos políticos lo que llevó a cambios de presidencia tan frecuentes como se habían dado en la época del centralismo. Aunado a ello hubo intentos separatistas como el del Estado de Yucatán y rebeliones indígenas en los estados de Chiapas y Veracruz, por no hablar de  una crisis económica que paralizaba la vida nacional reduciendo la producción al consumo local.

Toda esta situación llevó al fortalecimiento del grupo conservador que en 1853 tomó de nuevo el poder estableciendo el centralismo e invitaron a Santa que tenía cinco años exiliado en Cuba a que regresara a México y se hiciera cargo del gobierno. Santa Anna aceptó regresar por onceava vez al poder, pero esta vez no adoptó ninguna constitución sino que estableció una dictadura personal y siguiendo el ejemplo de Iturbide, a quien él había criticado por su absolutismo, formó una corte constituída por los altos jefes militares y eclesiásticos y los líderes del grupo conservador y se hizo llamar “Alteza Serenísima”. Se dedicó a realizar fiestas y espectáculos estableciendo impuestos excesivos sobre la población para poder mantener el aparato del Estado y reprimió con cárcel  y destierro a todos aquellos que se oponían a su gobierno, controlaba los periódicos y buscaba el apoyo de la Iglesia para mantener el control sobre el pueblo.

A pesar de ello, hubo un grupo de jóvenes liberales que decidieron hacer el cambio en el país. Este grupo era en su mayoría de abogados de origen humilde que habían logrado acceder a la educación entrando a los conventos pero antes de ordenarse se habían salido para estudiar la carrera de derecho. Este grupo era una nueva generación de jóvenes liberales que estaban convencidos de la necesidad de una transformación socioeconómica en el país entre ellos tenemos a Juan Álvarez, Sebastián Lerdo de Tejada, Benito Juárez, José María Iglesias e Ignacio Comonfort entre otros. Estos jóvenes a pesar de no tener experiencia militar decidieron hacer la Revolución de Ayutla y acabar con la dictadura para regresar a la República, poniendo fin así al último gobierno de Santa Anna en agosto de 1855 quien se exilió a Cuba.

Es sabido que durante la Intervención Francesa y el Segundo Imperio Santa Anna ofreció a Benito Juárez que podía regresar a México y apoyarlo a luchar en contra de los franceses pero Benito Juárez no aceptó. No fue sino hasta 1874,  durante el gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada que, aprovechando una amnistía general dada por su gobierno,  Santa Anna regresa a México a los 80 años. Enfermo y olvidado por todos, muere dos años después en 1876.

El general Santa Anna es el paradigma de la élite política mexicana que  tuvimos en el país durante la primera mitad del siglo, salvo contadas excepciones. Primeramente perteneció al grupo liberal, después se alió a los conservadores  y finalmente actuó como  santanista, es decir, imponiendo una dictadura personal célebremente recordada por los impuestos que estableció sobre el número de puertas y ventanas que daban hacia la calle, el número de mascotas, por las ruedas de las carretas y vehículos que circulaban por las calles, entre otros.

Sus once presidencias se debieron principalmente a la falta de líderes importantes entre la élite política mexicana en la primera mitad del siglo incapaces de hacer frente a la situación de crisis política y económica por el estado de guerra permanente tanto entre grupos internos como intervenciones extranjeras. Asimismo el ejército, institución a la que él pertenecía y la Iglesia le apoyaron siempre que él les respetó sus privilegios, ello le permitió mantener control sobre la población a través del control de la opinión pública y la represión. Además de lo anterior no debemos olvidar que en esa época  la mayor parte del pueblo mexicano vivía en condiciones de marginación y sin posibilidades de acceder a la educación que era controlada por la Iglesia y costaba mucho dinero a menos que se entrara a los conventos.

Bibliografía:

Vázquez, Josefina Zoraida. “Los primeros tropiezos “. EN: Historia General de México. Colegio de México. México,1981, 3ª ed.,pp. 737-818

Diaz, Lilia. “El liberalismo militante”. EN: Historia General de México. Colegio de México. México,1981, 3ª ed.,pp.821-896

Delgado de Cantú, Gloria. Historia de México, el proceso de gestación de un pueblo. Vol. 1. México. Prentice Hall, 2002, cuarta edición, pp.318-419.

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