Mi vida es también mi derecho

Por Irma Méndez. En enero de este año falleció mi padre luego de un sinfín de medicamentos aplicados, de monitoreo día y noche de un respirador cuyo zumbidito lo teníamos clavado hasta el tuétano y de doctores que iban y venían.

Un día nos decían que sus niveles estaban como de un adolescente y al otro, nos decían que si teníamos alguna religión le pidiéramos a ese ser superior en que creíamos que lo iluminara para su descanso. Dijeran lo que dijeran sabíamos que las complicaciones en su cuerpo resultaban cada vez mas complicadas de sanar.

Cuando platicamos con los doctores y les hicimos ver  la voluntad de la familia de dejar descansar a mi padre, su reacción fue, sin lugar a duda, de sorpresa, incredulidad y algunos hasta de enojo.

Poder ayudar a una muerte digna de un ser querido o a la propia, ha sido un tema tan debatido que difícilmente se puede lograr un consenso sobre los beneficios de esta decisión. Lo cierto es que sólo la gente que pasa por el padecimiento de una enfermedad terminal por parte de un familiar considera la eutanasia o la muerte digna.

Tema difícil pero que requiere una regulación jurídica inmediata en todo el país.

El Distrito Federal en el año de 2008 publicó la Ley de Voluntad Anticipada para el Distrito Federal en la que se definen muchos conceptos relacionados con la eutanasia.

De esta forma se regula la voluntad de una persona de NO someterse a tratamientos médicos que pretendan prolongar de manera innecesaria su vida, protegiendo en todo momento la dignidad de la persona, cuando por razones médicas, fortuitas o de fuerza mayor, sea imposible mantener su vida de manera natural.

Esta voluntad habrá de hacerse contar en un documento que debe extenderse ante Notario Público. Cuando las condiciones del enfermo no permiten que exprese su voluntad, este documento puede ser suscrito por un familiar cercano, siempre y cuando se respeten los formatos que maneja para tal fin, la Secretaría de Salud.

Esta Ley de Voluntad Anticipada respeta de manera muy puntual la libertad de culto y prohíbe a los médicos que suministren medicamentos o tratamientos que provoquen de manera intencional la muerte del enfermo en etapa terminal.

Lamentablemente esta Ley sólo tiene aplicación en el Distrito Federal y no así en el resto del país. Esto demuestra una vez mas la visión progresista del Gobierno del Distrito Federal que se refleja en la regulación de este tipo de derechos.

Una muerte digna para los familiares que tiene una muerte próxima no es un derecho que debe estar sujeto a convencionalismos sociales o religiosos. Sólo quien lo vive de cerca analiza las ventajas de la regulación de “la voluntad anticipada”.

Mucho les recomiendo lean esta Ley de Voluntad Anticipada para el Distrito Federal. Una ley que refleja una vez mas la legislación de vanguardia de los gobiernos de izquierda.

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